Putin el pequeño

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Por: Francisco Diez Canseco T.

Hace algunas semanas publiqué una columna estableciendo un paralelo entre el tirano ruso Vladímir Putin y el zar Iván el Terrible, famoso por su ferocidad que lo llevó inclusive a matar, en un acceso de ira, a su hijo favorito y heredero al trono.

Pero ahora Putin, luego de las atrocidades que viene cometiendo en Ucrania -ha llegado a condecorar al batallón que cometió sangrientos crímenes de guerra en Bucha- se lanzó a la palestra y anunció que es el sucesor de Pedro el Grande, el zar que recuperó territorios rusos de Suecia y Polonia modernizando a su país a través de la apertura de una ventana con Europa que, muy por el contrario, con evidente criterio antihistórico, hoy Putin está cerrando.

Putin por fin se quitó la careta respecto a la invasión de Ucrania para supuestamente “desnazificarla”: en sus propias palabras, lo que está haciendo es “recuperar nuestra fuerza y avanzar”, tal cual lo viene ejecutando desde la invasión de Georgia en el 2008 mediante la cual creó la republiqueta de Osetia del Sur cercenando el territorio de ese país, y como lo ha hecho con Transnistria, una franja de Moldavia ocupada por el ejército ruso, y lo viene realizando en Ucrania desde la toma de Crimea el 2014 y el impulso separatista en el Donbás.

La estrategia está clara: ir avanzando paulatinamente, sin escrúpulo alguno, en la reconstrucción del imperio soviético, aun a costa de la muerte de cientos de miles de seres humanos y con la generación de una crisis mundial por el desabastecimiento de productos alimenticios como el trigo, del cual Rusia y Ucrania manejan el 29 % de las exportaciones, bloqueadas hoy por Putin en el Mar Negro.

En pleno siglo XXI, el déspota ruso se ha lanzado a una guerra de conquista en Ucrania que no solo viene exhibiendo su naturaleza genocida, sino que también está demostrando su incapacidad estratégica en el manejo de un ejército desmoralizado que ha perdido 762 tanques frente a 172 de los ucranianos en un marco de corrupción, malos manejos y abierta descomposición que explican porque su presumida “marcha triunfal” se ha convertido en un tiro por la culata.

Los países de Occidente deben dar todo el apoyo a Ucrania no solo por razones de orden moral sino porque es indispensable frenar a Putin, un genocida que por su mediocridad y ambición se ha constituido en un peligro para la humanidad y se encuentra tan distante de su admirado Pedro el Grande que, si pasa a la historia, lo hará como Vladímir el Pequeño.