Las profundas raíces del machismo y de la violencia basada en género

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Por: Dra. Gloria Montenegro Figueroa (Ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables)

En los últimos meses, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables – MIMP – inició la campaña “Violencia disfrazada de amor”, como uno más de los múltiples esfuerzos realizados desde el Estado y la sociedad civil, por acabar con la violencia hacia la mujer y que encuentra su más brutal expresión en los feminicidios que año a año nos desangran.

En ese marco, una de las preguntas recurrentes que nos formulamos es ¿por qué cuesta tanto entender que luchar contra la violencia hacia niñas, adolescentes y mujeres, no es lo mismo que luchar contra la violencia en general? Es cierto que lo segundo también es un inmenso reto que tenemos como sociedad, pero es urgente que la violencia basada en género sea asumida en su real dimensión: una violencia que encuentra sus raíces en profundas creencias y construcciones sociales que asignan a la mujer un papel subordinado frente al hombre.

Solo así podremos diseñar políticas y estrategias que apunten a terminar con el terrible flagelo de la violencia basada en género, la información más reciente sobre este tema, se encuentra en la Encuesta de Relaciones Sociales (ENARES, 2015).

Queremos destacar algunos de los resultados que explican la violencia basada en género: el 60% de los hombres encuestados y el 52% de las mujeres, cree que corresponde al hombre ser “el jefe” y representar a la familia. Esta situación de subordinación de la mujer frente al hombre en el espacio familiar, se expresa, con crudeza, en que el 56% de los hombres y el 53% de las mujeres estuvieron de acuerdo con la afirmación “toda mujer debe cumplir con su rol de madre, esposa o ama de casa y, después, realizar sus propios sueños”.

Es más, el 50% de los varones y el 42% de las mujeres, cree que, si la mujer “no atiende a su esposo o pareja o no cumple con sus deberes del hogar, merece ser reprendida por su esposo o pareja” y, el 33% de ellos y el 24% de ellas afirma que “el varón siempre debe dejar claro que es él quien manda en la casa”; aunque en esa afirmación no se especifica la manera en que esto “debe quedar claro”, un 26% de hombres y un 18% de mujeres considera que “aunque haya maltrato, una mujer siempre debe estar con su esposo o pareja”.

Pero, además de este rol subordinado que las mujeres tienen para una gran proporción de la población, hay que añadir el carácter sumiso y “vulnerable” que la cultura machista predominante nos asigna; disfrazada muchas veces –es cierto- de “protección” y amor.

Las cifras no mienten, constatamos que el machismo, como sistema en el cual las mujeres ocupan un lugar subordinado al hombre, es producido y reproducido no solo por “ellos”, los hombres, sino también por nosotras, las mujeres, que hemos sido educadas bajo estas concepciones y patrones, que no solo nos limitan en nuestras posibilidades de realización como seres humanos, sino que, nos convierten en presa fácil de agresores construidos, también ellos, socialmente.

No hay forma de acabar con los feminicidios y todas las expresiones de violencia hacia la mujer, sino tenemos claro que en esta lucha tenemos que remover cimientos que durante siglos se han ido construyendo. Desde el MIMP, sabemos que se trata de un proceso largo para modificar las bases machistas y patriarcales.  Hablamos de cambios estructurales del tejido social básico, es decir las familias, escuelas y entorno. En este proceso, el Gobierno, el MIMP no están solos; están las organizaciones de la sociedad civil que trabajan en esta línea; están los miles de mujeres y hombres que día a día se esfuerzan por hacer de sus relaciones de pareja y de sus hogares, espacios sanos, de relaciones igualitarios y respetuosos, en los cuales tanto mujeres como hombres podamos realizarnos como seres humanos y alcancemos la felicidad