Presidente Castillo: ¡cállese de una vez!

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Por: César Hildebrandt

NR. Por ser un comentario de interés nacional publicamos el contenido de este importante análisis del periodista Cesar Hildebrandt

Amo a los burros. Platero fue el primero, pero ese fue un amor de lectoría. Cuando los vi de cuerpo presente supe que eran de buena fe, de alma especial, de dulces compromisos. Siempre los han difamado comparándolos con los hombres brutos, con los desatinados vitalicios, con los que ejercen el vicio del error gozoso, pero eso no es verdad. Denle a un burro una responsabilidad y ya verán cómo la cumple. Denle a un hombre bruto un encargo delicado y ya verán qué destrozos produce, qué puentes dinamita, cuántas posibilidades basurea.

Hablando de otra cosa: tenemos a un presidente que no brilla por sus capacidades intelectuales. Porque una cosa es venir de abajo, reclamar los derechos postergados, representar a los desdichados o plantear que a los abismos sociales hay que hacerlos llanos con toneladas de justicia. Esa es una cosa que yo siempre respetaré y es el viejo discurso de la reivindicación.

Pero otra cosa es creer que el cargo otorga impunidad y que se puede maltratar a los aliados contradiciéndolos, saboteando sus mensajes de moderación, sembrando dudas sobre los verdaderos objetivos del gobierno.

La semana pasada hice una columna dedicada a defender la idea de que cambiar la Constitución fujimorista no sería un crimen. Claro, esa no puede ser la imposición cerronista de un partido que llegó al poder por 44,000 votos de ventaja sino el fruto de un consenso logrado en el Congreso siguiendo las pautas vigentes.

Escribí ese texto, como tantos otros, en defensa de la libertad, el debate, la circulación de las ideas. La derecha cadavérica del Perú apostó por el statu quo desde 1821 y nos tiene hasta la coronilla con sus amenazas de que la sola insinuación de un cambio en ciertas reglas de juego puede traernos la ruina.

He defendido la legitimidad de este gobierno y he criticado, con aspereza, sus continuos errores. Pero una cosa es equivocarse y otra es jugar sucio.

Y juega sucio el presidente Castillo cuando revienta el esfuerzo centrista de su primera ministra y los malabares dialécticos de su ministro de Economía, que hace ahora de intérprete y piadoso traductor.

Juega sucio Castillo cuando saca el corvo del paisano y dice que habrá que estatizar Camisea. No importa que al día siguiente Pedro Francke niegue tres veces lo dicho por su jefe desastroso e intente hacernos creer que “nacionalizar” es sinónimo de “expandir”, “difundir” y “ampliar”.

No, Pedro: tu borrascoso e incompetente presidente dijo eso porque se sintió ante un público que le pedía frases quemantes y anuncios históricos. De modo que se lanzó sin medir ninguna consecuencia. Sabemos, Pedro, que tu jefe ignora conceptos básicos de la economía. Pero lo que no puede disculpársele es que intente dinamitar la precaria confianza obtenida por tu prédica y por la actitud de Mirtha Vásquez Chuquilín.

Las carencias intelectuales del presidente Castillo no debieran eximirlo de un comportamiento ético respecto de su propio gabinete. ¿Sabe Castillo que la derecha celebra con champán cada vez que él dice cosas como la de Camisea? ¿Sabe Castillo que el Plan Vacancia se hace cada vez más verosímil a la luz de sus autodisparos? ¿Comprende Castillo que con 44,000 votos de ventaja es imposible imponer un modelo económico socialista y que ese proyecto cubanófilo sólo puede caber en la cabeza de un fanático próximo a la incineración como Cerrón?.

Tenemos un problema muy serio: el presidente Castillo no comprende demasiadas cosas. Y cree que el Perú es un gremio que protesta y que él es el secretario general de la Fenatep alzada en gritos y pancartas. Castillo se apoca a sí mismo, reduce sus horizontes y no se siente el presidente de un país complicado en el que la derecha ha abusado siempre. Ese país, coto de caza de quienes jamás pensaron construir una nación sino entrar a saco a sus minas y bosques, necesita a un líder y no a un revoltoso que se excita ante ciertas muchedumbres. Necesita un hombre que comprenda el contexto y no uno que disfrute en la ofuscación.

Presidente Castillo: el proyecto de Perú Libre no es aplicable. Tírelo a la basura de una vez por todas. Usted no habría sido elegido si su rival hubiese sido otra persona. Usted está en Palacio porque el antifujimorismo, el sistema inmunitario de este país, así lo quiso. Por más rojo que se sienta, usted le debe la presidencia a los glóbulos blancos que impidieron, por tercera vez, que la heredera de la corrupción pisara el Palacio que ensució su padre.

Si alguien como Cerrón le hizo creer otra cosa, consulte con su esposa, que parece más lista que usted. No consulte con la gente cercana al Movadef que pretende enjaularlo. No le pida auxilio intelectual a quienes lo ven como un instrumento dócil. No se asesore por quienes creen que en Venezuela hay una democracia acosada y que en Cuba hay socialismo y “verdadera democracia”. No crea en los mensajes del Foro de Sao Paulo, que es la versión vintage de lo que aquí decía aquel viejo Partido Comunista que apoyó a Manuel Prado y se hizo socio del gobierno de Velasco.

En resumen, ya no estamos para ensayos. El gobierno va a cumplir cien días y el tiempo del aprendizaje y la benevolencia han expirado. Es hora de callar, señor Castillo, y permitir que algunos de sus ministros hagan la tarea de cambiar aspectos sustanciales del modelo de crecimiento. Si usted, señor Castillo, no reincide en decir atrocidades ni en convocar a fantasmas llaneros y matanceros, al Perú le esperan cinco años de otros valores, metas menos mezquinas, lucros menos insultantes, privilegios menos cochinos. Sepa guardar silencio, presidente Castillo. Cállese en los varios idiomas de su confusión. Amordace al enemigo que tiene adentro.

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