Autor: Jan Prince Permata – activista de la Fundación Kekal Berdikari y estudiante de doctorado en el Instituto Perbanas
lunes, 26 de enero de 2026 – 21:29 VIB
Activista de la Fundación Kekal Berdikari y estudiante de doctorado del Instituto Perbanas Jan Prince Permata. Foto: Fuente de JPNN.com
jpnn.com – Indonesia está bendecida con una extraordinaria riqueza de recursos naturales. En las entrañas del archipiélago se almacenan petróleo y gas, níquel, carbón, estaño y otros minerales estratégicos en cantidades que sitúan a Indonesia entre los países con mayor potencial de recursos del mundo.
En la lógica económica y constitucional, esta riqueza debería ser la base principal del bienestar nacional y del desarrollo nacional justo.
Sin embargo, la realidad sobre el terreno a menudo muestra paradojas. En muchas zonas mineras la prosperidad aún no está plenamente presente.
Lo que a menudo emerge es pobreza estructural, conflictos sociales prolongados y graves daños ambientales. Inundaciones, deslizamientos de tierra, degradación de zonas forestales, tensiones entre comunidades locales y empresas mineras se repiten año tras año.
La riqueza natural, que debería ser una bendición, en muchos casos es en realidad una carga social y ambiental.
Este fenómeno no es nada nuevo. En los estudios de economía política, esta condición se conoce como la maldición de los recursos naturales.
Esta maldición nació no por la abundancia de minerales, sino por una mala gobernanza y una formulación de políticas que no lograron poner el interés público como objetivo principal.
Los países ricos en recursos son propensos a la desigualdad, la corrupción y el fracaso institucional cuando la gobernanza no se ejerce dentro del marco de la soberanía y los mandatos constitucionales.
Indonesia ha sido bendecida con una extraordinaria riqueza de recursos naturales. Petróleo y gas, níquel, carbón, estaño y otros minerales estratégicos.
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