La maldición de Casandra

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Por: Juan Carlos Ramírez Larizbeascoa (Vicepresidente del Parlamento Andino)

“Y condenó Apolo el rechazo de Casandra, ella tendría el don de la predicción, pero nadie le creería”.

“No sé cómo será la tercera guerra mundial, pero sí la cuarta, con piedras y palos”. Albert Einstein.

El mundo vive en este momento una situación que era perfectamente predecible desde hace 25 años. ¿Qué ocurría hace 25 años?, pues que todos los países del llamado primer mundo comenzaron a armarse. Esto recuerda a lo que se llamó “La Paz Armada”  ocurrida antes de la Primera Guerra Mundial, espacio en el que Inglaterra, Alemania, Francia, Rusia, Japón, Estados Unidos, etc. se armaban aceleradamente. Y todo el mundo se preguntaba ¿para qué se arman?

La carrera armamentista es un indicativo de guerra, pero hay otros igualmente importantes. Por ejemplo las expansiones y conflictos comerciales. Economías que colisionan entre ellas. Antes de 1914 estas colisiones eran múltiples entre los imperios de la época, dígase Inglaterra, Alemania, Austria-Hungría, Japón, Otomano, Rusia y los Estados Unidos, España, Italia o Francia, entre otros. Eso ocurre hoy, particularmente entre la expansión comercial, financiera y económica china enfrentada a otras expansiones que requieren mercados y proveedores, como los Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, Japón, Corea del Sur, India, entre otros. Y por más que intentan cooperar y complementarse, acaban compitiendo y colisionando. Además se juegan empleos y salarios.

Pero sumado al armamentismo y el conflicto económico, ¿qué otra cosa presagia la guerra futura? Pues el cambio en la retórica de los actores. Como puede observarse, todos los actores actuales, China, Rusia, Estados Unidos, los países europeos, entre varios, modifican su retórica, advierten, amenazan, hasta se ofenden mutuamente. Retiran embajadores y preparan a su población contra los “excesos” “ofensas” y “falta de respeto” de los demás. El cambio en el lenguaje usado es otro indicativo de la guerra por venir.

Otro elemento importante es la “chispa” que dispara la guerra. En realidad no es esta “chispa” final la que lo hace, hay barriles de pólvora acumulándose antes que se prenda la chispa. Obviamente la colisión económica es clave, pero hay barriles políticos; y ya que hacemos la analogía con la Primera Guerra Mundial, esta chispa fue el asesinato del Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo.

Pero los barriles de pólvora acumulados eran muchos: las dos guerras balcánicas que enfrentaban a las potencias, incluido el Imperio Otomano; el reparto del África entre las potencias a raíz de la Conferencia de Berlín, que creó inmensas fricciones; la anterior guerra franco-prusiana, que dejo a Francia muy resentida con Alemania. La guerra ruso-japonesa que humilla a Rusia en Tsushima, y una larga lista de barriles de pólvora acumulándose, esperando la chispa.

Visiblemente, esos barriles de pólvora políticos de nuestra época son la guerra en Ucrania, la tensión en Taiwán, el escalamiento israelí-palestino, y otros a nivel geopolítico mayor. Pero también hay barriles múltiples y más pequeños, como reclamos al interior de muchos países, que van de Sri Lanka a Panamá, y todos aquellos en los que una presión demográfica, que no existía, exacerba elecciones, gobiernos, migraciones y masas (estas sí, no existían antes en estas dimensiones). Grandes y pequeños barriles de pólvora.

Finalmente, antes de cada guerra se arman alianzas. Tomando nuestro objeto analógico, la Primera Guerra Mundial, por un lado estaba la Entente Cordiale, con Inglaterra, Francia y Rusia como núcleo, y por el otro lado la Triple Alianza o Potencias Centrales, que eran Alemania, Austria e Italia (que luego sale).

En nuestra época, explícita o implícitamente, se tiene a Los Estados Unidos, Unión Europea y Japón como núcleo de una de las alianzas (la OTAN básicamente) y a China y Rusia como núcleo de la otra alianza política (con socios menores como Irán o Corea del Norte, entre otros). Véase la Organización de Cooperación de Shanghái para una lectura más detallada. Sobre este último punto, las posiciones de India y Pakistán son todavía un misterio en la geometría del futuro.

Naturalmente, un mundo abarrotado demográficamente, además exacerbado por la tecnología, internet y redes sociales, que nos convierte en un mundo conectado, pero no comunicado, nos hace aún más sensibles a todo tipo de opiniones, que no siempre son información. Esto último si es nuevo comparado al mundo previo a 1914.

El monstruo de la guerra es uno permanente en la historia humana; se le derrota antes y no después de su ataque. Recordemos a los griegos de nuevo: Los dioses no ayudan al hombre en aquello que el hombre puede ayudarse a sí mismo. Ayudémonos todos los seres humanos a vivir modestamente, humanamente, felizmente y en paz.