Me divorcié a los 60 años después de décadas de matrimonio. La división fue amistosa y dividimos nuestros ahorros para la jubilación en partes iguales, dejándome con unos 600.000 dólares de un total de 1,2 millones de dólares.
Digamos que los números parecían viables en ese momento. La jubilación estaba prevista a los 65 años y yo parecía seguir el mismo calendario. Vendimos nuestra casa y separamos nuestras finanzas antes de lo esperado, así es como se manejan mis gastos.
El divorcio llevó a varias decisiones financieras. Los gastos una vez compartidos eran mi responsabilidad. La flexibilidad ha disminuido y el plan de jubilación en el que confiaba tenía ingresos estables, gastos predecibles y buena salud.
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Me concentré en ceñirme a ese plan en lugar de volver a tomar decisiones importantes, y la jubilación todavía parece manejable, incluso si ya no es el camino que imaginé originalmente.
Ahora supongamos que el año que viene sufriera un ataque cardíaco que requiriera hospitalización. La rehabilitación interrumpió mi capacidad para trabajar de manera constante e hizo que mis ingresos futuros fueran menos seguros.
Anteriormente, había planeado retrasar el reclamo del Seguro Social para recibir beneficios mensuales más altos. Después del infarto, tuve que repensar este plan. Reclamar a los 62 años reducirá los pagos para siempre, mientras que el retraso depende de la salud y los ingresos que ya no puedo contabilizar. El foco pasó de la reforma a largo plazo a la estabilidad financiera a corto plazo.
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Incluso cuando el divorcio es justo y amistoso, la jubilación puede ser muy diferente de lo planeado. Los problemas de salud pueden ocurrir rápidamente y obligar a tomar decisiones financieras antes de lo esperado. Es difícil planificar para cada eventualidad, especialmente en la vida, cuando el tiempo y la flexibilidad son escasos.
Para los adultos mayores que se acercan a la jubilación después de un divorcio, existen consideraciones prácticas que pueden ayudar a minimizar las sorpresas:
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Programe una revisión de salud completa. La identificación temprana de riesgos puede ayudar a fundamentar las decisiones financieras y reducir costos inesperados.
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Reevaluar la cobertura del seguro. Las primas, los deducibles y los costos de bolsillo a menudo aumentan a los 60 años, y un solo evento médico puede aumentar los costos significativamente.
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Protección de fluidos. Mantener el acceso a algunos ahorros puede ayudar a gestionar los gastos médicos o los cambios de ingresos sin verse obligado a retirarlos anticipadamente.
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Piense detenidamente en las opciones de vivienda. Una casa que funciona hoy puede no satisfacer las necesidades futuras y puede resultar difícil mudarse más adelante.








